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¿iPhone X o el “iPhone 8”?

Su principal competidor no es tanto el Samsung Galaxy S8, sino el próximo iPhone X (léase diez), que llegará al mercado a principios de noviembre

El ciclo de renovación de los teléfonos de Apple ha sido regular como los trenes británicos de antes. Año par, nuevo modelo, pongamos iPhone 4; año impar, cambio de procesador, ajustes, perfeccionamiento… una evolución controlada pero bastante mejorada: iPhone 4S. Y así, sucesivamente.

Este año es impar y nos correspondía el modelo evolucionado del iPhone 7, es decir, el iPhone 7S. Pero 2017 es un año especial para la firma de la manzana mordida porque se cumplen 10 años desde que Apple lanzó el primer iPhone y dinamitó la industria de la telefonía móvil. Uno motivo suficiente para hacer algo especial: lanzar otro modelo diferente añadido. Y así, tenemos iPhone 8 y iPhone X.

Podía haber sido, perfectamente, iPhone 7S y iPhone X (léase ten o diez en castellano), pero… Tal vez llamarlo ocho sea una estratagema para dar a entender que el salto ha sido mayor.

Es cierto que el salto tecnológico, sobre todo si lo medimos en potencia de procesador, es importante. Lo que sucede es que también lo ha dado el próximo iPhone X, del que ya se han desvelado las características. Y este último, con su frontal cubierto casi totalmente por una pantalla táctil, es mucho más acorde a la tendencia actual. De hecho, es uno de los puntos diferenciales en las críticas de los nuevos terminales. En general, los que nos dedicamos de alguna forma a escribir de este sector esperamos que un modelo alto de gama (los iPhone nuevos lo son) de una marca importante (Apple, indudablemente, lo es) debería contar con un frontal del tipo todo pantalla. Y los 8 y 8 Plus no lo hacen. El ratio de pantalla es el mismo en el iPhone 8 que en el 7.

De hecho, externamente apenas hay cambios. Hasta que se le da la vuelta y se observa por la parte trasera o si se sostienen simultáneamente el 7 y el 8 en ambas manos. Parece mentira, pero diez gramos se notan. Y ésa es la diferencia de peso. Es un poco más pesado y mínimamente más voluminoso el 8 que el 7. Y es algo realmente curioso, porque la norma es hacer terminales siempre un poco más finos. Ha ganado mínimamente en grosor, pero la cámara sigue sobresaliendo.

Procesador A11 Bionic, espectacular

El motivo de estos cambios es que han optado por el cristal en la parte posterior, lo que les permite carga inalámbrica. La promesa (todavía no lo he probado porque estoy a la espera de recibir una base de carga) es que tardará el mismo tiempo en llenar la batería que el alimentador convencional. Y aquí también se encierra una crítica, porque el iPhone 8 es compatible con carga rápida, pero no incluye en la caja el alimentador correspondiente.

Los cambios de verdad, como ha sucedido tradicionalmente, están en las tripas, en el salto del procesador A10 del año pasado al A11 Bionic de este año. Espectacular. Lo más potente del mercado. No tiene nada que ver con la competencia. Juega en otra liga… Hay unanimidad, incluso entre los más críticos con Apple.

La pregunta que se hacen muchos usuarios -y que algunas marcas que emplean procesadores mucho menos potentes auspician- es si sirve para algo tanta rapidez. Y la respuesta, aunque a muchos no les guste, es que sí. Por supuesto. No hace falta si se va a utilizar el móvil para llamadas, mensajería instantánea y tomar fotos ocasionalmente. Sin embargo, si se quiere llegar a grabar vídeo en 4K con calidad o aplicar efectos como los nuevos modos de retrato de la doble cámara trasera, hace falta mucha capacidad de proceso.

Precisamente los modos de retrato son uno de los puntos en los que más foco están poniendo en Apple para diferenciar este iPhone 8 de su predecesor. En el modo Retrato que posibilita la doble cámara trasera se puede optar ahora por varias posibilidades de iluminación: Luz Natural, Luz de Estudio, Luz de Contraste, Luz de Escenario y Luz de Escenario Mono. Esta funcionalidad todavía está en modo beta, pero tiene unos resultados espectaculares.

La competencia en casa

La experiencia con el iPhone 8 es muy buena, es rapidísimo, es una actualización y una mejora muy importante sobre el 7, entonces, ¿por qué decir que lo tiene muy difícil? Porque tiene a la competencia en casa. Es cierto que el iPhone X será más caro, pero cuando alguien está dispuesto a pagar 1.000 euros por un móvil, lo más seguro es que también sea capaz de sacrificarse un poco más para tener lo último de lo último.

El caso es que los analistas están prediciendo una demanda más baja de la esperada del iPhone 8 a la espera de la llegada del iPhone X y también apuntan a una posible menor promoción por parte de las operadoras.

Desde Apple, sin embargo, continúan lanzando el mensaje de que todo va como estaba previsto. Y es que la compañía californiana podría tener una herramienta que le asegurara la renovación automática de un buen número de terminales. Hace dos años, con el lanzamiento del 6S, anunciaron un plan de financiación muy interesante, el iPhone upgrade program. Se paga una cuota fija mensual que varía en función del terminal y cuando se lance uno nuevo al cabo de un año se reemplaza. O se paga una cuota final para quedarse con el antiguo.

En España, el plan se replicó por parte de Movistar y MediaMarkt, aunque con diferencias y tampoco ha alcanzado a un número significativo de usuarios. El problema ahora está en saber si ese público cautivo podrá optar con su leasing entre cambiar ya su iPhone de otra temporada por el 8 o esperar al X. Yo, sinceramente, esperaría. Aunque todavía no lo he probado.

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