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Julio Iglesias: “Yo no me miro casi nunca en el espejo, excepto cuando voy a salir al escenario”

VAINAS DE LOS FAMOSOS

A los 73 años, el cantante de ‘Hey!’ presenta ‘México & Amigos’, su primer disco de duetos, con colaboraciones de Sabina, Calamaro o Pablo Alborán.

“Pablo Alborán parece como si fuese mi hijo. Es más, se parece más a mí que mi propio hijo”

“Obama fue un gran presidente, pero no puedes recibir el Premio Nobel de la Paz antes de cerrar Guántanamo”

Julio Iglesias canta Y nos dieron las diez con el autor del tema, Joaquín Sabina, y es como si cayese un muro que separaba dos personalidades musicales mucho más próximas de lo que parece. Es la sorpresa principal de un disco que Julio dedica a la tradición musical mexicana.

¿Qué representa para usted esta música?
Son canciones que se heredan, que has escuchado cantar a tu madre o, en el caso de algunos artistas que han colaborado conmigo en éste álbum, seguramente a sus abuelos. Son clásicos de una música irrepetible que siguen estando vigentes, donde encuentras a autores mágicos. Y tenía ganas de cantarlos, de reencontrarme con ellos. Después, surgió la oportunidad de hacer un álbum de duetos por primera vez en mi vida. Y como cantan todos mejor que yo, el resultado es mucho más bonito.
Hombre, todos, todos mejor que usted…
Lo que pasa en esta historia de los duetos es que un artista se relaciona con otro musicalmente. Y siempre hay un aporte mayor, porque son otras voces, otros estilos, y marcan las canciones de otra manera. Es lo que pasa con Pablo Alborán, Joaquín Sabina, Calamaro, Omara Portuondo o Plácido Domingo: que tienen una capacidad grandísima en sus voces. Así que los temas se agrandan porque no es que se plantee una situación de comparativa, sino de suma. Cuando escuchas a esa voz majestuosa que tiene Omara Portuondo o a Diego Torres, que me encanta lo que ha hecho, pues me emociono. Y creo que eso va a emocionar también a la gente.
Lo que más ha llamado la atención del proyecto ha sido su colaboración con Sabina.
El mayor significado que tiene la canción es que son dos voces y dos estilos completamente diferentes. Pero es una canción tan maravillosa que admite cualquier idea. El Sabina con el que hablo no tiene nada que ver con sus andanzas públicas. Y tampoco es que yo sea el pijo y él, el golfo callejero. En esta galaxia se amalgaman muchas ideas. Pero, sobre todo, hay un entendimiento. Cuando hablé con Joaquín para darle las gracias, fue una conversación para grabar.
¿Qué le parece que haya pasado de músico intocable a diana de muchas críticas?
Joaquín va a estar vivo hasta dentro de 200 años. Así que todas esas críticas por haberse juntado con músicos más jóvenes en su último álbum… bah. Joaquín es un mago de la música y hay que rendirle pleitesía todos los días. Es como cuando silban a Cristiano Ronaldo, que mete ocho goles en tres partidos. De Sabina me parece bien todo. La magia de Joaquín no está en ver con quién va a hacer los discos, sino en su alma y en su cerebro.
¿Alguna vez le han entrado ganas de ponerse también la ‘gorra para atrás’?
Voy a contar una historia que no he contado aún. Ken Elrich es uno de los productores más importantes de la historia de la música. Y hace un año y medio se vino conmigo y estuvimos viajando por el mundo durante unas 20 ocasiones. Me intentaba convencer para hacer un disco con gente joven estadounidense, como Bruno Mars y John Legend. Es muy amigo mío y me quiere mucho, pero al final no logró convencerme porque pensé que iba a ser un esfuerzo descomunal por mi parte hacia una nueva actitud musical que yo no entendía muy bien. No tuve fuerza y coraje para hacerlo. Seguramente perdí una gran oportunidad. Pero no me morí en el empeño.
¿Qué músicos jóvenes le inspiran?
Me pone muchísimo lo que hace Pablo Alborán porque parece que fuese mi hijo. Es más, se parece más a mí que mi propio hijo. Es un cantante de adentro para afuera maravilloso. Me encanta y es un chaval con un significado en la música inmenso, además de un agradecido a la vida, generoso… Todo un tipazo.
¿Le molesta que le pregunten continuamente hasta cuándo seguirá cantando?
El límite lo pone la gente, la vida, el estado físico. El artista quiere cantar hasta que se muera. Es lógico, porque es la manera de mantenerse fuerte y joven. Yo no me miro al espejo casi nunca, excepto cuando voy a salir al escenario. Porque, para mí, el escenario es algo vital, una inyección de sangre descomunal. Y que, con el paso del tiempo, adquiere nueva significación: cuando tienes 73 años como yo, pues te duelen más las piernas. Pero nada más: si tienes la tensión alta o artritis en el hombro derecho, ni te acuerdas.
¿Qué le parece que haya quien le considere un icono del machismo?
Tengo 73 años ya, 50 de ellos de cantante. Ya no hay tiempo de criticar todas las interpretaciones de lo que he hecho. Lo que digan los demás, pues ya está dicho todo. Que destripen mis canciones… A ver, yo no soy un genio: soy un cantante, un entretenedor que ha cantado por el mundo entero. Y cuando escribo Abrázame o Hey!, hago algo que me sale del alma. Como digo siempre, son canciones sencillísimas. De hecho, en esa inmensa sencillez, a veces incluso obvia, de mis canciones está José Alfredo Jiménez, esa liturgia de las coplas que llegan al alma. Pero, volviendo al comienzo, los artistas de mucho tiempo tenemos que ser juzgados sólo por el tiempo.
¿En qué momento cree que está el mundo?
La clase política universal ha pegado un bajonazo. Los políticos de los últimos 50 años no tienen nada que ver con los antiguos. Son gentes, en general, menos cultas, que piensan menos y que, afortunadamente, están sometidas a una prensa dura. Gentes con una ignorancia casi total de lo que es Afganistán, Siria, Irak o, incluso, América Latina. Y cuando toman decisiones, lo hacen programados por el desconocimiento. Porque si lo hiciesen movidos por el conocimiento, no habría ni una puta guerra en este siglo de comunicación total. Es algo absurdo.
Con Trump en el poder, ¿cuánto se va a echar de menos a Obama?
Todo tiene sus matices. Te das cuenta de que Obama gana 400.000 dólares por dar una conferencia y luego irse a tomar el sol en un barco sin pensar en las consecuencias que ha tenido la actitud de su partido en el triunfo de Trump. Me parece que ha sido un gran presidente, pero no se puede recibir el Nobel de la Paz antes de cerrar Guantánamo o de dejar Irak mejor de lo que estaba cuando EEUU entró en aquel país.

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