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La tecnología que mueve el sonido en las salas de cine

La tecnología que mueve el sonido en las salas de cine 2017

Muchos conocen Dolby Atmos por sus alianzas con determinados fabricantes, pero la tecnología en sí tras esta certificación es sorprendentemente compleja

Visitamos los estudios de Best Digital Group en Boadilla del Monte para comprobarlo en persona

Puede que conceptos como ‘diseño de sonido’ o ‘ingeniería de sonido’ resulten extraños a aquellos que no están familiarizados con la industria de lo audiovisual. Pueden sonar casi exagerados: ¿realmente es algo tan técnico o tan artístico como para calificarse de esta manera?

Tras ver cómo se edita una película utilizando la tecnología de sonido de Dolby Atmos, no sólo defendería esas ideas, sino que también sumaría otra: la artesanía de sonido. Aunque haya que cumplir parámetros muy concretos y exigentes para operar en esa categoría de sonido, lo cierto es que no todo se puede medir ni cuantificar a la perfección cuando se trabaja con ello.

Por un lado, está el factor humano: no todos sentimos igual lo que oímos y nuestro cerebro no siempre percibe todo igual. También está el factor técnico, porque usar tu tele del salón para ver Avatar no es lo mismo que irse a una sala del Kinépolis para hacer lo propio. Y por último, está el factor profesional, por llamarlo de algún modo: editar y mezclar y diseñar el sonido es un proceso arduo con personas con mucha dedicación y años de experiencia y con equipos que, sin estos profesionales, no servirían para nada.

Víctor del Castillo es uno de estos expertos y él ha sido quien nos ha guiado y explicado cómo se consigue este difícil equilibrio de elementos. Lo primero es tener los medios técnicos, desde luego.

La sala de edición de Best Digital cuenta con la certificación Atmos Premier de Dolby y en ella se han editado muchas películas españolas recientes, como El Bar (Alex de la Iglesia) o Regresión (Alejandro Amenábar). Se trata de un pequeño cine en miniatura lleno de altavoces, con muros de hormigón que aislan del exterior a la perfección, que no tiene reverberación a penas y que se refrigera con agua para que no haya ruidos de ventilación. Todo esto con el objetivo de que el ruido de fondo sea nulo y no se cuele nada a la hora de editar.

El ambiente casi parece de santuario, con la diferencia de que no hay altar, sino una gigantesca mesa de mezclas con un ordenador en medio desde donde se opera. Es en este ordenador donde se lleva buen parte del ingenioso proceso de mezcla de sonido. La tecnología de Dolby Atmos es muy particular, en tanto que prescinde de los clásicos canales de sonido (5.1, 7.1 y así) para crear un sonido en tres ejes: altura, longitud y profundidad.

Y en esos ejes, el sonido se va colocando casi como si fuera un objeto en un espacio tridimensional. Si en la pantalla del cine se ve cómo Iron Man pasa volando de una esquina a la contraria, los efectos de sus propulsores y del viento e incluso de la música que Tony Stark lleve puesta dentro de la armadura se trasladarán dentro de los altavoces del cine, todo gracias a que alguien lo ha editado así en un ordenador.

Para esto no vale cualquier sala de cine, de ahí la certificación que proporciona la compañía. Hace falta tener un número de altavoces concreto (64 sería lo idóneo), unas medidas muy concretas entre pantalla, el techo de la sala, los propios altavoces… Cuando se cumple con los requisitos, el resultado es muy sofisticado.

Por ejemplo, Gravity. La destrucción de la estación espacial se siente en todas direcciones, pero Sandra Bullock sólo grita por los laterales y sus gristos se van alejando y acercando a medida que da vueltas en círculos, todo ello mientras la voz de George Clooney baja de sonido por uno de los lados según cambia el plano.

La mezcla de sonidos de esta película, como muchas otras, depende en gran medida de las personas que diseñan sonido. Al fin y al cabo, si la mayoría de lo que se ve en el cine ha sido fabricado por un ordenador y es ‘de mentira’, el sonido tampoco puede ser del todo real.

Ahí entra el trabajo milimétrico y todavía más artesanal de buscar en bases de datos de efectos de sonido y de colocarlos en perfecta armonía con la imagen que se muestra. Es una unión que no depende sólo del tiempo, de encajar bien el golpe que pega Superman con el sonido del susodicho, sino también de cómo se extiende el sonido. Si Superman va volando a toda velocidad hasta llegar del fondo al primer plano, el sonido también deberá extenderse como la imagen.

También tiene mucha importancia la tecnología de Dolby. Al poder colocar los sonidos en el espacio y moverlos, el diseño de las escenas en películas de ciencia ficción o donde hay mucha animación 3D gana enteros.

Ahora bien, a veces no se tiene el sonido perfecto y hay que grabarlos grabarlos. Los ‘foleys’, que así es como se llama a estos efectos de sala, se crean con objetos tan variopintos como bolas de bolos que parecen golpes de superhéroes o anillas que emulan un juego de llaves y quienes están especializados en estas tareas suelen tener las maletas con el contenido más curioso del mundo: zapatos sueltos, armas que no disparan balas, cadenas con un roce muy agudo y valioso… Nada apropiado para pasar un punto de seguridad en un aeropuerto.

Puede que ir al cine ya no sea la forma de ocio favorita de muchos consumidores, pues ahora hay otras alternativas, como esperar un poco y verlas en Netflix; pero no se puede negar que ver una película en una buena sala no tiene nada que ver con verla en casa.

Otra cuestión es qué prioridades tienen los consumidores. Desde luego, no sale barato ir al cine todas las semanas, pero por eso se están creando tecnologías a su alrededor para justificar el precio de las entradas. Aunque Dolby Atmos se haya adaptado a televisores y otros dispositivos, la certificación para cines sigue siendo muy superior y no hay nada que se escuche así en un salón.

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