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El 5G arranca en Suiza, pese a dudas sobre sus efectos y obstáculos legales

La red de telefonía de quinta generación (5G) comenzó hoy oficialmente a funcionar en Suiza, uno de los países pioneros en el despliegue de esta tecnología, pese a que los temores a posibles efectos adversos para la salud han conllevado varias iniciativas políticas locales para frenarla.

Swisscom, una de las tres operadoras locales a las que el Gobierno otorgó en febrero frecuencias para el desarrollo del 5G, anunció en un comunicado que desde hoy, cuando entra en vigor esta concesión para quince años, su red está disponible en 54 localidades, entre ellas las ciudades de Ginebra, Lausana, Basilea y Zúrich.

Las otras dos operadoras, Salt y Sunrise, también pueden hacer uso a partir de hoy de estas frecuencias, por las que las tres compañías pagaron en total más de 330 millones de euros con el fin de desplegar un 5G que promete multiplicar hasta por veinte la velocidad de navegación del 4G.

La semana pasada Swisscom presentó su primer teléfono inteligente capaz de navegar por 5G, el Oppo Reno, y aseguró que antes de finales de año su red llegará a más del 90 por ciento del territorio nacional.

Pero paralelamente a los movimientos empresariales, en Suiza, un país muy concienciado en temas medioambientales y sanitarios, han aumentado las voces que piden cautela en el desarrollo de esta nueva red, lo que se ha traducido en medidas oficiales para intentar paralizarla.

La primera llegó el 9 de abril en el cantón de Vaud, donde el consejo de estado local, con sede en Lausana, anunció una moratoria que paralizaba la instalación de antenas diseñadas para las redes 5G, una tecnología que pese a su alta velocidad se transmite con más dificultad que la 4G, lo que exige muchos más repetidores.

Había prosperado una iniciativa de Los Verdes que solicitaba detener esas instalaciones, al menos hasta que la Oficina Federal de Medio Ambiente emitiera un informe sobre los efectos en la salud del 5G.

Dos días después de la decisión tomada en Vaud, en el vecino cantón de Ginebra se solicitaba desde el parlamento también una moratoria, que está siendo estudiada, y parece que este clima de cautela podría extenderse a otras zonas del país.

Las dudas sobre los efectos en la salud del 5G se deben al temor a que el campo de radiofrecuencia electromagnética que creará (sensiblemente mayor que el de redes ya existentes como el 3G, el 4G o el wifi), unido al alto número de antenas que exigirá, pueden causar graves daños en el ser humano y otros seres vivos.

En 2017, 170 científicos de 37 países emitieron un informe solicitando a la Unión Europea una moratoria en el desarrollo de las redes 5G, ante el temor de que aumenten el riesgo de cáncer y causen daños genéticos, cambios estructurales y funcionales en el sistema reproductivo o desórdenes neurológicos, entre otros problemas.

Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalaron a principios de esta década que los campos electromagnéticos de frecuencias entre los 30 kilohercios y los 300 gigahercios, entre las que estarían las del 5G, podrían ser cancerígenos para los humanos, aunque no confirmaron plenamente esta conclusión.

Además, la potencia de los nuevos campos electromagnéticos podría aumentar los casos de electrohipersensibilidad, una suerte de “alergia” a ciertos aparatos que es reconocida como enfermedad sólo en el Reino Unido y países nórdicos.

Frente a estos temores, el director general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el chino Houlin Zhao, afirmó en rueda de prensa que “no existen pruebas” de que los campos electromagnéticos de las redes de telefonía móvil sean dañino para la salud.

“Nos aseguraremos, junto a los operadores de la industria, de que esta nueva tecnología no traiga riesgos ni daños a nuestro organismo”, destacó Zhao, quien por otra parte subrayó que el 5G es esencial para avanzar en el desarrollo futuro de sectores como la realidad virtual o la inteligencia artificial.

A las dudas en Suiza sobre la seguridad de las redes 5G se unen las de política estratégica que aparecen en otras latitudes del mundo.

Dos de las pocas empresas de telecomunicaciones que han desarrollado infraestructura para esta tecnología son las chinas Huawei y ZTE, que están encontrando problemas para exportarla a Occidente, entre acusaciones de que podrían ser un “caballo de Troya” para las redes de espionaje de Pekín.

Esas dudas, que China repetidamente ha calificado de acusaciones sin fundamento, han provocado que países como Australia, Estados Unidos o Japón hayan cerrado las puertas de futuras redes 5G a las firmas chinas.

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