“Cuando el diablo está en la lengua, mejor ni hablar”, canta Richard Coleman en “Residencia”, atrás una base marcial y secuencias electrónicas dibujan la imagen del maligno y hasta es posible verlo, mucho más cuando los coros de Flopa Lestani vuelven todo tan real con la frase “a este diablo y su violencia habrá que callar”. Es el track 8 y ya el disco pide una balada. Surge “El buque” con altivez anfibia porque arranca con un ruido distorsivo, puro folk-rock tradicional, pero llevado a un nivel emocional gracias a los motivos líricos que aporta Lidia Borda. Es posible que el escucha desprevenido flote y se agite en el remolino final de la canción que cierra El (in) correcto uso de la metáfora.
Desde el título, Coleman juega con la ambivalencia del tiempo presente dominado por las redes sociales y sus diatribas de odio. Criado musicalmente en la década del 70, cuando el rock argentino abrazaba a la metáfora cual escudo protector, y títulos como Los delirios del mariscal (Crucis) o Pensar en nada (León Gieco) expresaban una clara disidencia, la realidad del músico reclamaba otro tipo de literalidad. Salir de una zona segura, acotar la adjetivación y utilizar palabras más directas forman un glosario que distingue a las letras del nuevo álbum. Deseo que acompaña a un disco de guitarras bien al frente. Las diferencias con F-A-C-I-L (2017) son notorias, mientras el disco anterior elegía el groove como hilo conductor, aquí el nervio post-punk funciona como casa natal. La actualización de “Entre sábanas”, el tema que cerraba el lado A de Consumación o consumo (1986), disco debut de Fricción, es un gesto de reinvención: el tema arranca con el ruido de una cinta rebobinándose, cuando el grabador reproduce el registro se escucha un sonido defectuoso para luego pegarse a un ritmo sincopado, es tan The Top que hasta Robert Smith la adoraría.
La presencia de Phil Manzanera es otra pieza clave de la mirada retrospectiva que también explica a El (in) correcto uso…, un viaje de vida más que una síntesis artística, porque el guitarrista de Roxy Music es una de las mayores influencias de Coleman desde la época en que ni soñaba ser parte de una banda de rock. Gracias a Before and After Science (1977), de Brian Eno, Richard conoció al guitarrista de apellido raro. De ahí en más, amor eterno, primero los discos de Roxy, luego 801 y también la etapa solista, como sus colaboraciones, sirvieron de guía de aprendizaje dentro de la escuela de pensamiento “menos es más”. Ni Coleman ni Manzanera se caracterizan por su rapidez de dedos, van por territorios más sutiles, entre lo climático y la experimentación. La amistad entre ellos comenzó cuando Coleman recibió una invitación para acompañar al músico inglés en un show en el CCK: esa noche de noviembre de 2017, Richard interpretó “Amazona”, un tema que Bryan Ferry se negaba a tocar en vivo, y de ahí que Manzanera bautizara al argentino como un “brave man”.
Años después, desde Buenos Aires viajó un archivo de audio con tres temas para que Manzanera eligiera alguno y lo trabajara en su estudio londinense. Sumó guitarra en los tres y el resultado es un festín de detalles que puede escucharse en los primeros tracks del disco: “Salimos caminando”, “Eternidad” y “Como antes” es una trilogía de alto impacto con la participación especial de Gonzalo Córdoba, una seguidilla que corre rápido gracias al bajo dark de Daniel Castro y el pulso nítido de Diego Cariola en batería.
“Oscuras intenciones” resalta el estado de las cosas con nuevas presencias maléficas mientras el swing de la canción es una invitación para bailar entre las ruinas. “Fiebre” y “Polaroid” mantienen el clima de canciones épicas como señales de alerta.
En tiempos de discos sobreproducidos, el trabajo de Juan Blas Caballero es una bendición. El productor e ingeniero de sonido trabajó de un modo artesanal, resaltando las guitarras sin recargar el audio que por momentos captura el efecto Coleman en vivo. Casualidad o no, el disco salió el mismo día en que se cumplen quince años del último recital de Gustavo Cerati en Venezuela. Coleman estaba ahí y aún se escuchan ecos de esa alianza fraternal en El (in) correcto uso de la metáfora, son voces delicadas que se pueden escuchar en las letras de “Eternidad” y “Como antes”, o en los diálogos de guitarras del mejor álbum de nuestro Eternauta dark.
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