Por Ramon Benito Suarez
Hacer un recorrido, hace dos años, antes de la Pandemia, se veían las discotecas de Santo Domingo Este, citase la Avenida Venezuela, los negocios de entretenimiento de esa importante calle, con muchos eventos en vivo, principalmente, amenizado por las orquestas de mambo del momento, entiéndase, El Sujeto y Omega.
Tantos dembowseros y mamberos, eran los dueños del negocio, mientras que los tradicionales exponentes del ritmo que nos identifica, estaban reservados para el centro de la ciudad.
El Sujeto, en un tiempo, se convierte en el dueño de los negocios, cuando los tarjeteros, los narcos y líderes de comercios turbios, manejaban millones de pesos y dólares y eran citadinos en las discotecas “que en ese momento eran lavadoras de muchos narcos”.
Es decir, que el intérprete de “Con cotorra no”, todos los fines de semana tocaba en los tres Santo Domingo, por la afluencia de dinero, la ausencia de Covid y el horario abierto, mientras que Omega, “dueño de una grasa natural”, compartía el pastel con su homólogo.
Alajaza cuando sale al estrellato definitivo, también se adueña del negocio, en ese momento, logrando dimensionarse “como nunca lo imagina”, a tal punto de cotizarse por encima del mambero Omega.
La danza de los millones como resultado de un manejo inadecuado de recursos provenientes de la sombra, mantenía el movimiento del espectáculo en las discotecas grandes y lujosas de esos mafiosos.