Cuando las primeras notas de 50town comienzan a sonar, algo se activa de inmediato: una vibración cálida, casi familiar, que te transporta a un lugar en el que todo parece estar en orden. Es esa sensación que aparece justo antes de tomar carretera, cuando arrancas el coche y sabes que el destino —sea el pueblo donde pasabas los veranos, la ciudad natal o cualquier sitio donde el mundo deja de pesar— te recibirá con la promesa de volver a ser tú. Eso ocurre al escuchar el nuevo álbum de Rubén Pozo: una especie de viaje emocional hacia un territorio donde la vida se asienta, se aquieta y se entiende mejor.
Para Rubén, este disco es justamente eso: el punto álgido de un trayecto que lo llevó a los cincuenta, pero que, lejos de ser un recorrido nostálgico, es el inicio de un nuevo capítulo. Un lugar donde se acepta la palabra “cincuentón” no como sentencia, sino como reinvención. Donde cumplir años deja de ser una inquietud vanidosa para transformarse en una nueva visión que ayuda a comprender que, aunque el camino ya lleve kilómetros recorridos, solo cuando uno se detiene, lo observa y reconoce su belleza, empieza realmente a disfrutarlo.
