¿Se puede soñar en stereo? ¿Dos personas (o tres, ¿por qué no?) pueden llegar a unirse a través del amor que sienten mutuamente de tal forma que, al menos por un lapso determinado, logren soñar lo mismo, al mismo tiempo? ¿Utopía onírico-romántica o ficción pop?
“Sueño Stereo fue el deseo de ver si el equipo seguía funcionando. Y si bien funcionó y el disco es muy bueno, nos costó muchísimo. Porque estábamos muy alejados, personalmente y también musicalmente las cosas empezaron a ir para diferentes lugares. Charly ya estaba muy interesado en todo lo que está desarrollando ahora y creo que estaba más interesado en eso que en la música. De alguna manera, eso se sentía. Ni hablar de Zeta, con todo lo que había pasado con la muerte de su hijo. Entre nosotros flotaba la idea de que podía ser la última grabación. Después hicimos el disco en vivo, donde hubo un par de outtakes de Sueño Stereo y también algunas cosas que elaboramos en ese momento, pero ya nos dimos cuenta de que todo nos estaba costando muchísimo”. Con el tiempo de su lado, en 2000, Gustavo Cerati analizaba así la vida de Soda Stereo en el momento de grabar lo que quedaría en la historia como el último álbum de estudio del grupo: Sueño Stereo.
A treinta años de su edición (21 de junio de 1995), desde su actual hogar en Miami, Zeta lo recuerda así: “Yo no sé qué pasaba por la cabeza de Gustavo en ese momento, pero creo que también todo el clima que vivíamos ayudó mucho a todo eso. Había una sensación de que nos estábamos ahogando. De todas formas, cuando empezamos el proceso de composición del disco no pensaba que iba a ser el último”.
La historia marca que Sueño Stereo, más allá del hecho artístico, fue el último intento de remontar una relación (una banda) que ya estaba destinada a disolverse desde que el mismo Cerati había abandonado, de un día para el otro y sin previo aviso, la gira de su disco anterior, Dynamo, y planteó un impasse por tiempo indeterminado, que terminó extendiéndose por dos años y medio. “Teníamos problemas de relación y comunicación, y habíamos llegado a un cansancio a todo nivel, de trabajo, humano, y después de ese show [el 28 de marzo de 1993, en un lugar insólito: una panadería de San Cristóbal de Ecatepec, México] yo no veía más nada”, le confesó el cantante y guitarrista al Suplemento No, de Página/12. Pero lo cierto es que finalmente en aquellos días Cerati aceptó darle una última oportunidad a la sociedad musical que mantenía con Zeta Bosio y Charly Alberti y de esas brasas surgió Sueño Stereo.
Permitámonos un breve rewind introductorio de manual. Tras la abrupta partida de Cerati en México, que canceló el resto de la gira de Dynamo por Centroamérica y Estados Unidos en marzo de 1993, el músico se instaló en Santiago de Chile para reunirse con su novia, la modelo y fotógrafa chilena Cecilia Amenábar, con quien ocho meses después tendría a su primer hijo, Benito. Durante ese tiempo, Cerati compuso su primer álbum solista, Amor amarillo, y lo grabó con una pequeña ayuda (el líder de Soda se hizo cargo de la voz principal, coros, guitarras, bajo Pedulla, MPC60, teclados, tubo de viento, efectos, percusión y producción) de Zeta y de Tweety González.
“Yo literalmente colgué la gira de Soda, los abandoné. En México les dije: ‘Me bajo’. Y me fui a Chile a vivir con mi mujer el embarazo”, le dijo tiempo después Cerati a Rolling Stone. “Lo vivía como una prisión artística y laboral. No hay nada peor que no sentir”.
Charly Alberti había armado el dúo Plum junto a su pareja, Deborah de Corral, y aprovechó ese tiempo para editar el primer y único disco del proyecto, Plum (1995). “Es un proyecto que yo pienso tener paralelo a Soda Stereo y lo estamos haciendo los dos. Deborah está cantando y haciendo las letras y yo estoy haciendo las músicas. Es un proyecto que nos involucra fuertemente y es todo un desafío”, decía el baterista en aquel momento, mientras empezaba a incursionar en negocios vinculados con la tecnología.

Por su parte, Zeta encontró en la producción (de discos de bandas como Peligrosos Gorriones y Aguirre) el espacio y el tiempo para sobrellevar el silencio stampa de Soda. “Gustavo se había ido a Chile y necesitaba desconectar. Estuvo un tiempo, se casó y formó una familia. Un día volvió a comunicarse conmigo y vino con la idea de hacer Amor amarillo. Él ya lo tenía todo planteado y me dijo: ‘Hagamos esto primero y después nos metemos a trabajar un disco de cero nosotros’. Yo venía de trabajar con los Gorriones y le ayudé en la producción y grabé algunos bajos, pero la verdad es que el disco estaba bastante cerrado, con una grabación casera que había hecho Gustavo, pero de muy buena calidad”.
Así llega mayo de 1994 y Cerati, no muy convencido, enciende la sodaseñal desde la terraza de su departamento de avenida Figueroa Alcorta. “Pero si no funciona se acaba acá”, fue la premisa del líder. Los tres solos, en las penumbras de su estudio Supersónico, saldaron viejas rencillas y comenzaron a tocar, sin rumbo, sin presiones, sin certezas de lo que vendrá.
“Lo planteamos un poco como lo hacíamos antes, los tres juntos tocando y viendo qué surgía. Eran sesiones muy largas, de improvisar, improvisar mucho y grabar. Y a la jornada siguiente ver qué podíamos rescatar para retomar desde ahí. Pero la verdad es que los primeros días fueron duros y costó volver a acoplarnos, porque cada uno venía de su viaje” (Zeta).
“Realmente hubo momentos donde lo único que había era el deseo, porque el resultado era malísimo y no nos convencía. Yo pensaba al principio que la historia no tenía salida” (Cerati, en Soda Stereo – La biografía total, de Marcelo Fernández Bitar).
“Teníamos dudas, no sabíamos qué iba a pasar cuando los tres estuviéramos juntos otra vez tocando y tampoco teníamos ninguna obligación de hacer nada” (Charly Alberti).
“Era la idea de que algo no estaba concreto, que a lo mejor iba a serlo pero pensando en un futuro que no sabíamos cómo iba a ser, que era más en la imaginación de cada uno. Muchas veces nos encontramos con que no nos bancábamos uno al otro, pero en un sueño existía la idea del grupo, en otra realidad. Era vivir la realidad de ser un grupo sin ser un grupo” (Cerati, en Suplemento No, Página/12, junio de 1995).
Cuando las cosas parecían terminar con un apretón de manos y hasta siempre, el 4 de julio ocurrió un trágico accidente que impactó de lleno en el ecosistema emocional de la banda y que, en algún punto, funcionaría en el futuro cercano como la amalgama que los músicos necesitaban para volver a funcionar como un grupo compacto, sin fisuras, como lo habían sido no tanto tiempo atrás.
