En 1977, The Damned y The Adverts, dos protagonistas centrales de la escena punk londinense, salieron juntos de gira por el Reino Unido. El póster del tour decía: “The Damned ya saben tocar tres acordes. The Adverts saben tocar uno. Vení a escuchar los cuatro”.
Este sábado 15 de marzo, 48 años después, en Buenos Aires, The Damned y TV Smith, la voz de aquellos Adverts, hoy solista, vuelven a compartir escenario en un hecho histórico. Y claramente saben muchos más acordes…
Bueno, la verdad es que ya en 1977 TV Smith era un compositor bastante sofisticado para sus 21 años. De otra forma no hubiera sido capaz de grabar entonces Crossing the Red Sea, uno de los más brillantes LP de su era, con Molotovs generacionales como “Bored Teenagers” y “One Chord Wonders”. También, el single “Gary Gilmore’s Eyes”, el mayor hit de The Adverts (banda con otra particularidad: tenía en el bajo a la pionera chica punk Gaye Advert); una canción de esas que ocurren muy cada tanto, quizás solo una vez en la vida. Un extraño y maravilloso tema sobre un sujeto al que le trasplantan las córneas del condenado a muerte por asesinato Gary Gilmore, que hasta hoy engalana todo compilado punk-rock ’77 decente.
TV Smith (Timothy Smith, 1956) llegó a Buenos Aires cuatro días antes del concierto con The Damned en el Teatro Flores y de un show solista, que dará el domingo 16 en Strummer Bar, de Palermo; una oportunidad única y limitada para disfrutar en un contexto casi intimista de una auténtica leyenda clase 77. Se aloja junto a su pareja, Sally, en un hotel sobre la Avenida de Mayo, a escasas cuadras del Congreso. Nos encontramos para esta entrevista el miércoles al mediodía, no mucho antes de que se produzcan las escenas más violentas y la represión policial más dura en el año y medio del gobierno de Javier Milei.
“Es bueno que la gente empiece a protestar”, observa Smith, ante una rápida explicación de lo que podría estar por ocurrir, pero que en realidad será mucho peor. Horas después, veré una foto de TV Smith y Sally sosteniendo un cartelito con la leyenda “Todxs con los jubilados” en plena Avenida de Mayo, tomada durante los disturbios de esa jornada nefasta.

Vivías en el interior de Inglaterra, pero en 1976 te fuiste a Londres para tocar. ¿Cómo fue ese momento de cambio de vida?
Yo en realidad había crecido en Essex, a unas pocas millas de Londres, así que conocía la ciudad. Pero después mi familia se mudó a Devon, en la costa sur, donde estudié arte y tuve mis primeras bandas y compuse mis primeros temas. La música era lo que más me importaba, la verdad, no tanto el arte. En 1975, con un grupo llamado Sleaze grabamos un disco del que hicimos cincuenta copias. Sin tapa, solo con un número… Una especie de “haz lo tú mismo”, muy temprano. Era una banda proto-punk, con influencias de Iggy Pop y grupos glam. Hicimos unos cuantos shows en la zona pero pronto me di cuenta que no le importábamos a nadie. Lo único que querían escuchar eran bandas de covers. Así que en cuanto me enteré de la existencia de los Sex Pistols pensé inmediatamente que eso era lo que quería. Supe que si algo iba a pasar, no sería en Devon, así que lo primero que debía hacer era salir de ahí. Así se terminó la carrera de arte, Sleaze se separó y empecé a planear el próximo grupo.
¿Algún tema de Sleaze reapareció en The Adverts?
Uno, que se transformó en “Newboys”, con distinta letra y diez veces más rápido [risas], está en Crossing the Red Sea.
Es curioso porque, más allá de aquel poster con el chiste de los acordes, en Crossing the Red Sea se escuchan composiciones bastante sofisticadas para chicos de veinte años.
Bueno, lo de nuestro single “One Chord Wonders” era un chiste. El sello, Stiff, se agarró de eso y la siguió. Es irónico y por eso es gracioso. Obviamente sabíamos tocar más de un acorde.
Está clara la ironía, pero no sólo estaba claro que sabían más de un acorde, sino que por momentos The Adverts suenan más complejos que otras bandas del momento.
Yo no sabía componer canciones, no había ido la escuela de compositores. No era como ahora que los chicos tienen carreras para aprender a componer y cantar adecuadamente. Creo que lo lindo de esa era es que la gente se las arreglaba sola. Es cierto que tenía un montón de influencias y amaba la música pop y las canciones con estribillos y melodías que podías cantar y que se te quedan en la cabeza. Pero también me gustaban bandas progresivas, como Van Der Graaf Generator. ¡Tenía un disco de Yes¡ ¡Tenía discos de Pink Floyd! Es decir, también me gustaban las canciones que tomaban caminos inesperados y que no seguían una fórmula. Aunque no tenía nada de teoría musical y había aprendido a tocar la guitarra solo. Así que no tenía nada que me indicara “bueno, después de este acorde debería ir este otro”. No sabía la progresión del blues ni nada de eso. Así que todo eso condujo a que las canciones tuvieran elementos no convencionales, la manera en que un parte pasaba a la otra, combinaciones de acordes inusuales, cambios de tiempo que en ese momento no se estaban haciendo. Y era bastante para una banda de chicos, que en su mayoría nunca habían tocado un instrumento. Pero siempre buscamos correr el límite de lo que podíamos hacer y por eso nos criticaron bastante diciendo que no sabíamos tocar. Pero lo cierto es que nos pedían hacer cosas que la mayoría de las bandas de la época no hacían. Mirá, aún hoy me pasa que cada tanto me llama alguna banda que toca “Gary Gilmore’s Eyes” y no la hacen bien, porque la verdad es que no es un tema convencional. Algunos piensan que agarran la guitarra y sale, pero cuando empieza se preguntan “¿qué hace este acorde acá?”. Y eso es lo que me gusta de las canciones, los ingredientes inesperados, que te sacan de tu lugar.
Justamente “Gary Gilmore’s Eyes” tiene arreglos raros para un chico de 20 años, particularmente el final…
Te cuento. Tenía la canción, pero me parecía que no estaba terminada. Y tuve una especie de momento de euforia un día que iba caminando por la calle, creo que a comprar algo cerca de casa, y de pronto me apareció en la cabeza el arreglo. Y primero pensé: “No, no puedo hacer eso”. A lo que pensé después: “Sí, claro que puedo, voy a agregarle eso en el final”. Así es que muchas cosas tienen que ver con atreverte a creer que las podés hacer. Eso lo aprendí componiendo: cuando no estás seguro si algo va a funcionar, hacelo igual. Es importante correr los límites.
Más allá de la música, en el caso de “Gary Gilomore’s”, se suma la particularidad de la letra, que se hace eco de una noticia reciente… [nota: Gary Gilmore había sido ejecutado en enero de 1977 y antes había declarado que deseaba que sus órganos fueran donados; el single de The Adverts se publicó en septiembre del mismo año, entró el top 20 británico y le permitió a la banda presentarse en el popular programa de TV Top of the Pops].
Sí y creo que es algo muy de la era del punk, cuando las cosas ocurrían muy rápido. Hoy los discos tardan más en salir, así que no tendría sentido hablar de las noticias, si la canción se va a publicar dos o tres años después. Irónicamente, a la gente parece importarte Gary Gilmore 45 años después. Lo que pasa es que consciente o inconscientemente entienden que la canción no sólo habla de Gary Gilmore sino que es un comentario sobre los medios y sobre la percepción de la realidad. Así es que el tema logró funcionar más allá de 1977… Algo parecido pasa con “Bored Teenagers”. La puedo seguir cantando, obviamente porque no se trata solo de la adolescencia sino del sentimiento de encajar o no en el mundo, algo a lo que te enfrentás toda la vida.
Tenés una larga conexión con The Damned. Es famoso aquel flyer de un tour conjunto que anunciaba que The Damned sabían tocar tres acordes y The Adverts, uno, invitando a ir a escuchar los cuatro en vivo…
Eso era tan típico del genio publicitario de nuestro sello, Stiff…
¿Por qué típico?
Bueno, los de Stiff eran siempre muy ingeniosos para encontrar la manera de promocionar a sus bandas. Podían sacar ediciones limitadas con detalles erróneos, hacer tapas graciosas o campañas divertidas. Eran muy buenos en eso de poner a una banda en el foco de atención. No sé a quién se le ocurrió aquella frase, pero fue muy cómico.

¿Era un equipo de trabajo grande?
Nunca había más de una o dos personas en la oficina de Stiff, básicamente Dave Robinson y Jake Riviera. Ellos eran mayores que nuestra generación de músicos, ya venían trabajando con gente como Nick Lowe y Graham Parker. La verdad, no tengo un cien por ciento de respeto por Stiff. No estaba de acuerdo con mucho de lo que hacían y, en retrospectiva, me arrepiento de algunas cosas. Por ejemplo, la tapa de nuestro primer single tenía la foto de Gaye sola, y con el título “One Chord Wonder” en lugar de “One Chord Wonders”, en plural, lo que nos hacía parecer una banda liderada por una cantante femenina, lo cual fue muy difícil de revertir después, para que nos vieran como la banda que realmente éramos. La gente se llevó una impresión muy equivocada, pero fue una maniobra de marketing genial, la cual nosotros dejamos pasar y hoy pienso que fue un error. Pero éramos chicos y ellos eran un equipo adulto y profesional, tipos inteligentes que sabían cómo vender discos. Así que entiendo por qué ocurrió así. Ojalá hubiera entendido cómo manejar la situación un poco mejor.
¿Cuándo te decidiste a tocar en formato solista?
Hice mi primer show solo alrededor de 1990. Me di cuenta de que cargar el peso de una banda era muy complejo. Había probado con varias que no habían llegado a ningún lado, sin ningún éxito. Se había vuelto imposible y me estaba bajoneando. Entonces mi amigo Attila the Stockbroker me dijo: “Mirá: vos componés todas las canciones, tocás la guitarra. Yo hace años que vivo de hacer esto solo, ¿por qué no probás vos también?”. Le dije que no sabía si tenía la seguridad como para pararme solo con mi guitarra frente al público y me contestó que la semana siguiente tenía un show y que podía probar, abriendo esa noche para él. Lo intenté y me picó el bichito. Pensé: “Dios, sí puedo hacer esto”. Hice mis canciones y a la gente le gustó y la verdad es que ya no hubo vuelta atrás. Ahora toco a veces con banda, porque me sigue encantando sentir esa energía. Lo vos a hacer el mes que viene en Alemania y el siguiente en Estados Unidos. Pero más que nada toco solo, reduciendo la canción a lo más básico, casi forzando a la gente a atender a la letra y a la estructura esencial.
Qué buena historia, justo iba a preguntarte si Attilla había sido una influencia para vos…
Bueno, no sólo lo que te conté sino que él fue el primero en promocionar a The Adverts cuando estaba en la universidad en Brighton. Attila era el que seleccionaba bandas para que toquen, así que fue quien programó el primer show de The Adverts en Brighton.
¿Y Billy Bragg también te inspiró?
No, para nada. Siempre nos comparan, pero Billy Bragg no existía cuando arranqué. Ya hacía mucho que escribía mis canciones cuando apareció Billy, con sus excelentes temas, y me gustó mucho, pero no diría que fue una influencia.

No puedo dejar de preguntarte por Brian James [guitarrista original de The Damned, que falleció el 6 de marzo pasado].
Muy triste noticia. Sabía que estaba enfermo, pero no tanto. Fue lindo que pudiera tocar una vez más con The Damned. Yo abrí los shows de esa gira por el Reino Unido, estuvo muy bueno poder volver a ver a Brian, que seguía siendo tan buena persona, un caballero, como siempre. Me acuerdo que nos dijimos “hola” como si nos hubiéramos visto la semana anterior, pero la verdad es que no nos encontrábamos hacía probablemente veinte años.
Tengo una larga historia con Brian. Él fue quien le recomendó a Jake Riviera, de Stiff, que viniera a ver a The Adverts al Roxy, así que fue fundamental para que después nos contrataran. Pero además, una vez que dejó The Damned y que The Adverts se separaron, nos juntamos porque pensábamos que podría ser buena idea que formáramos una banda. Pero de algún modo, al hablarlo, nos dimos cuenta de que ambos éramos compositores muy fuertes y que no podríamos colaborar porque… bueno, ya sabés, yo quiero hacer mis temas y él quiere hacer sus temas… no iba a funcionar. Así que decidimos que mejor no y Brian armó Lords of the New Church y yo compuse una canción para ellos, “Lord’s Prayer”. Así que hemos estado interconectados a través de los años.
Es curioso porque leí distintas referencias sobre Brian James hablando de él como un “caballero”, y para uno, como público, quizás no es lo primero que piensa de un punk.
Era un tipo muy agradable, muy amable y amistoso. Por supuesto, tenía un estilo absolutamente personal. Lo único que jamás podrías decirle a Brian es “bajá el volumen”. No lo hacía nunca. Era el guitarrista más fuerte en vivo y consideraba que el volume era esencial para la guitarra. Supongo que era algo que había tomado de Wayne Kramer [nota: guitarrista de MC5].
Hablamos de Brian James, The Damned, Attila, me pregunto si siempre mantuvieron estos lazos de amistad con viejos compañeros de 1977, o si es algo que se revitalizó últimamente.
En mi caso, se revitalizó últimamente gracias a que nos volvemos a cruzar en shows, festivales y giras, digamos en situaciones profesionales. Ciertamente, durante mucho tiempo no tuve mayor contacto con muchos músicos. Pero siempre me gusta verlos o compartir fechas, como hace un par de años, cuando toqué con The Skids, fue buenísimo ver que Richard Jobson sigue ahí que sigue siendo una gran banda. Por supuesto, que de la gente de esa era, tristemente cada vez quedan menos…
¿Y tu relación con el concepto mismo del punk, cómo se sostuvo con el tiempo?
Todo el mundo tiene una idea distinta del concepto, así que es difícil decirlo. Amo el concepto del punk. Amo el concepto de desafiar a la industria de la música y desafiar al pensamiento convencional a través de la música y el arte, y amo el concepto del “hazlo tú mismo”. Lo que no me gusta es que se reduzca la idea del punk a un montón de idiotas haciendo ruido con sus guitarras sin ningún tipo de idea o inteligencia. Sabés, hay como dos extremos en lo que se convirtió el punk. Yo creo que era un movimiento más bien progresista donde podías hacer lo que quisieras creativamente. Con libertad de expresión, sin reglas, sin límites. Sin embargo, 50 años después, mucha gente entiende el punk como algo muy estrecho, más parecido al rock and roll aburrido que vinimos a reemplazar. No me gusta esa ideal punk, me gusta la original, la que intentaba derribar muros.
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